LA FRASE

Me gustaría tener el tiempo necesario para disfrutar de tu compañía. Tú deberías tener la suficiente curiosidad para permanecer a mi lado y leerme de verdad.
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martes, 11 de mayo de 2010

LA OTRA VIDA


Soy administrativa, tengo 40 años y trabajo desde hace 22 en el Ayuntamiento de Rubí. Me considero una persona sensata, aunque en ocasiones me guste saltarme las normas. Me gusta lo que hago, me encanta cualquier tipo de trabajo que implique atención al público, y por tanto me siento afortunada. En el fondo, el secreto está en que te guste lo que haces. No siempre ha sido fácil mantener un buen nivel de motivación, pero de una manera u otra siempre lo he conseguido. Trabajar en la administración y proporcionar un buen servicio, no siempre resulta sencillo, los cambios políticos, la rigidez de los procedimientos, las dificultades organizativas, son cosas a las que te has de enfrentar día a día y encima hacer lo posible para que el ciudadano sufra lo menos posible.

Entré en el ayuntamiento cuando, casi todos los departamentos estaban en el mismos edificio, cuando la persona de centralita, yo misma, podía pasar llamadas telefónicas directamente al Alcalde. Entré en un momento en el que se empezaba a informatizar los trámites y que el registro general se hacía de forma manual. Empecé a trabajar cuando el compañerismo, la camaradería, el trabajo en equipo y la tolerancia eran indispensable para poder desempeñar bien tu trabajo. Fueron años de aprender, aprender y aprender. Empecé a conocer a los políticos en la proximidad del día a día, empecé a entender la complejidad de sus trabajo y sobre todo, entendí que el estar en aquel lugar era una opción de vida y no una imposición. Durante estos años mi vida personal ha estado ligada inevitablemente a la profesional, me casé en la Sala de Plenos, y he tenido dos bajas de maternidad una por cada hijo. Todo esto ha ocurrido en el tiempo que algunos salían y otros entraban, he visto pasar a cuatro alcaldes dos hombres y dos mujeres, que curioso en Rubí hemos conseguido la paridad y el equilibrio. Podría hablar muy mal de algunos jefes, sobre todo en situaciones vividas, de las que nunca se llegó a hacer justicia. También se podría hablar bien de muchos otros, pero en cualquier caso todo forma parte de la experiencia personal de cada uno. Hoy en día la administración no ha cambiado demasiado, cada cuatro años hay elecciones, la oposición también cambia y tanto los regidores con competencias como los regidores sin competencias, entran y salen, van a los Plenos, a las Comisiones Informativas y a las Junta de Gobierno, pactan, presentan mociones o, cuando toca, endurecen la oposición. Cuando hay un cambio de gobierno inevitablemente cambian los jefes, cambian los programas informáticos, cambian las normas, cambian las políticas sociales y económicas, cambian la gestión. Se trasladan oficinas, cambian los pactos de gobierno, cambian los horarios, cambian los organigramas y cambian la estructura. Estos cambios ocurren y son observados por los trabajadores públicos, siempre a la expectativa de cómo les afectará a ellos.

Imaginaros una gran empresa en la que cada cuatro años el gerente o director general pudiera perder su cargo y por tanto su estatus y responsabilidades, imposible que no afecte!!!. Pero aún así creo que se hace un buen trabajo, creo sinceramente que hay buenos profesionales. Sin desmerecer a los políticos y a sus personas de confianza, los Ayuntamientos se mueven gracias a las personas que se comprometen a pedalear cada día. Pero todos estos cambios, el crecimiento rápido de la ciudad y por tanto la necesidad de ofrecer a la ciudadanía más y mejores servicios, hace que se descuide la salud mental de sus trabajadores, de aquellos que pedalean. Si el pelotón camina motivado y en equipo, los resultados mejoran y el rendimiento también. Los programas políticos se cumplen gracias al equipo humano, y la lealtad se consigue valorando el trabajo y la profesionalidad, y sobre todo se ha de mirar a los trabajadores públicos quitándose las gafas de las siglas políticas.

miércoles, 28 de abril de 2010

El BAR PAMPOL


Todos reservamos un pequeño lugar en nuestro corazón donde guardamos cosas especiales. Suele ser un lugar pequeño casi insignicante, pero es el lugar donde acudes cuando necesitas aislarte de la realidad. Yo he decido guardar este pequeño espacio de mi corazón para conservar un pedacito de mi vida, en este lugar guardo momentos vividos en un pequeño Bar de Rubí llamado “PAMPOL”. Los sitios y lugares no son especiales porque sí, son especiales por las personas que contribuyen a que lo sean. El Bar PAMPOL está situado frente a nuestro Ayuntamiento, es un bar donde las personas acuden a tomar café, a comer un bocadillo o para hacer una cerveza, pero para mí es un lugar donde me guasta estar. Vaya a la hora que vaya siempre hay personas a las que me gusta ver, vaya a la hora que vaya siempre hay personas agradables que te reciben con una sonrisa. Unos entran otros salen, pero siempre puedes compartir momentos especiales con alguien. Es un lugar lleno de historia, ha visto pasar por sus mesas a trabajadores, políticos y ciudadanos. Ha conocido secretos, misterios, problemas y a las personas que lo protagonizaban. Como yo siempre digo “unos vendrán y otros se marcharan pero él siempre estará allí”. El alma del PAMPOL se llama Carmen, una mujer trabajadora y servicial, dispuesta a adoptar a todo aquel que se deje caer y que quiera compartir el cariño que, día a día, reparte junto a los sobres de azúcar del café. Seguramente hay muchos que no entienden el encanto que encirra aquellas paredes, pero éstas son personas superficiales, que están de paso o que son incapaces de compartir buenos momentos con los demás. Allí todo el mundo es bien recibido, y sólo dependen de él sentir la felicidad que allí se almacena. Vivimos en un mundo donde los sentimientos negativos están a la orden del día, es por eso que me gusta tanto, aquí no es así. Pude ser que un día llegues, te sientas triste y apenado, o nerviosa y preocupada, pero siempre habrá personas que te animen, que te escuchen y te entiendan. Si necesitas compartir felicidad siempre habrá alguien para recibirla. Paredes impregnadas de historia, de sentimientos y, porqué no de sufimientos, paredes que ni la pintura ni las reformas han conseguido tapar la ternura de la experiencia. El bar PAMPOL es como una gran pizarra en la que no hay nada escrito, pero cada uno de los que allí acude escribe una palabra hasta completar la lista de bocadillos y de platos combinados. Es un lugar que ha sido y será parte de la historia de nuestra ciudad, y aunque algunas guías publicadas en Rubí y con poco criterio, hayan considerado que no merecía estar en sus páginas, sigo creyendo que es el lugar perfecto para aprender de Rubí y de su hostoria. Lugar visitado por muchos y abandonados por otros, pero en definitiva es el lugar donde a mí me gusta estar.

Algún día me gustaría escribir algo en esta pizarra, algo que pueda ver todo el mundo y que forme parte de todos nosotros, yo creo que escribiría “EL LUGAR ESPECIAL DE MI CORAZÓN SE LLAMA PAMPOL y merece existir para siempre, aunque sea en nuestros recuerdos”