LA FRASE

Me gustaría tener el tiempo necesario para disfrutar de tu compañía. Tú deberías tener la suficiente curiosidad para permanecer a mi lado y leerme de verdad.
Mostrando entradas con la etiqueta miedo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta miedo. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de enero de 2012

MIEDO A LA FELICIDAD


Hace años que ha llegado a la madurez, hace años que ha dejado atrás los días de juventud y ya sus hijos no le necesitan como antes. Entonces mira lo que hay a su alrededor mira su compañera de cama y mira sus muebles, su coche su trabajo y su ropas y se da cuenta que en ninguno de esos lugares está su verdadera felicidad. Es una persona fuerte, ha superado todas las dificultades que la vida le ha puesto en el camino, pero se ha vuelto débil y cobarde, le da miedo dar el paso que le puede hacer feliz, le da miedo pensar que existe algo mejor en algún otro rincón del mundo. Él se siente afortunado por haber sido elegido para ocupar un pequeño espacio en un pequeño mundo en el centro de un universo desconocido. Y siente que es muy injusto dejar escapar la felicidad que podría encontrar si tuviera el valor suficiente para vivir otra vida muy distinta. Cada día se dice a sí mismo que puede hacerlo, cada día se dice así mismo que las cosas pueden mejorar, pero al final, le falta el valor necesario.

Tenemos miedo a equivocarnos, tenemos miedo a arriesgar demasiado y perderlo todo, tenemos miedo a lo desconocido a coger la mano de alguien por primera vez y tenemos miedo a ser rechazados.

La vida es como una novela con algunos capítulos en blanco, los escribimos a medida vivimos y los releemos para recordar. Pero nos da miedo crear, nos da miedo intercalar poesía entre una prosa repetitiva y monótona. No debemos temer a los cambios, no hay que dejar escapar los deseos que soñamos y que olvidamos cuando despertamos, hay que ser lo suficientemente valientes para dar el paso, para dejar atrás lo que nos entristece y para probar vivir una nueva vida.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

TODOS CAMBIAN, HASTA LOS MONSTRUOS


No se si es porque me estoy haciendo mayor, casi 42 no está del todo mal, o porque cada día soy más consciente de todo lo que me rodea; empiezo a pensar que las cosas están cambiado demasiado. Cambia la televisión, los gustos, la forma de imaginar el futuro y cambian hasta los monstruos.

Antes sabíamos a que atenernos, sabíamos que las cosas eran de una manera y nadie se atrevía a cambiarlas. Antes sabías que si por algún motivo la especie humana se transformaba en zombis, existían una oportunidad para escapar, porque los zombis eran seres lentos y de movimientos torpes que, aunque jamás se cansaban, podías correr lo suficientemente rápido y refugiarte en algún edificio o granja abandonada. Ahora los zombis se han vuelto muy rápidos, son capaces de correr a gran velocidad, perseguirte y cazarte sin apenas pestañear. Ahora para escapar de ellos has de ser un verdadero corredor y estar en una forma física inmejorable.

Mi monstruo preferido, el vampiro, antes era un ser malvado que se alimentaba de la sangre de hermosas doncellas, las cuales terminaban siendo sus esclavas. Ahora el vampiro ha cambiado, ya no es tan malvado, algunos no necesitan ni alimentarse de sangre humana para poder sobrevivir, ya no les destruye la luz del sol y pueden entrar en tu casa aunque no hayan sido invitados. Los vampiros se han convertido en seres deseados por las adolescentes y envidiados por su fuerza e inteligencia. El vampiro del siglo XXI ha pasado a ser amado y admirado, y vemos como tienen la capacidad de sufrir por amor.

Los hombres lobos se pasan los días sin camiseta enseñando sus abultados pectorales. Ahora ya no necesitan el reflejo de la luna llena, y se han vuelto aliados de los vampiros. Ambas especies han decidido luchar por un bien común.

Ahora los monstruos nos gustan y nos caen simpáticos porque tienen muchas de las cosas que el hombre siempre ha deseado, la inmortalidad, la fuerza sobrehumana, la inteligencia brutal y el instinto animal que los hacen ser peligrosos.

A lo lardo de nuestra vida los cambios hacen cola y se apoderan de nuestro futuro. Hasta hace muy poco, en nuestras pesadillas, veíamos a demonios que poseían a niñas inocentes, vampiros que te chupaban la sangre hasta convertirte en uno de ellos, zombis que te perseguían por la ciudad en una noche oscura hasta que te daban caza. Pero ahora, las cosas ya no son así, los monstruos van vestidos con traje y corbata, llevan bajo el brazo títulos académicos y son expertos en economía. Ahora los monstruos son los especuladores que hacen temblar la economía y, tienen tanto poder, que según las palabras que pronuncian pueden afectar incluso en el precio de las patatas congeladas. Los monstruos de nuestro siglo se hacen pasar por personas normales, incluso se convierten en personajes populares y participan en tertulias y fórums de economía. Los monstruos que nos pueden destruir tienen algo que no tenía los clásicos, y es que son reales.

Antes estábamos a salvo gracias a los exorcistas, al ajo, crucifijos y las balas de plata. Con un poco de ingenio y con la información que el cine nos proporcionaba podíamos tener una oportunidad de sobrevivir en el caso que se diera un ataque inesperado de un ejército de monstruos. Pero ahora identificar al que te está fastidiando la hipoteca, o al que ha logrado que cerrara tu empresa y que te despidieran se hace realmente difícil, mejor dicho, es imposible. Ahora los monstruos se han vuelto astutos, pueden destruirte tan solo con manipular el teclado de un ordenador. Somos víctimas de una tremenda pandemia que está asolando economías enteras, y poco a poco el virus nos está matando y nadie parece tener la solución.

No se, tal vez sea por puro romanticismo, pero prefiero pensar que una mano aparecerá por debajo de la cama y me cogerá por el cuello, no me importa entrenarme para correr más rápido y así poder huir de los muertos vivientes, o simplemente no salir las noches de luna llena; a tener que estar cada mes mirando con desesperación la nómina y la cuenta corriente, y haciendo un montón de visitas a supermercados hasta encontrar al más económico. Prefiero seguir pensando en monstruos de ficción sangrientos y desarmados, que en políticos, economistas y especuladores que han descubierto la manera de aterrorizarnos.

domingo, 29 de agosto de 2010

MIEDO


Cuando sientes miedo, notas como el corazón comienza a palpitar cada vez más rápido, sudas y la respiración se vuelve irregular. Los sentidos se agudizan y escuchas sonidos que en otros momentos serían imperceptibles. De pronto te trasladas a otra dimensión lejos del lugar donde estás y pierdes el control de tu mente y de tu cuerpo. Es el miedo una sensación que odiamos y que no querríamos sentir, los miedos pueden aparecer cuando estás a oscuras y tienes la sensación de que alguien te está acechando, oímos ruidos extraños que en otros momentos no escucharíamos. El terror te visita cuando sabes que el armario se abrirá en cualquier momento y saldrá el payaso de trapo con los dientes punteagudos y que está a punto de devorarte.

Asusta enormemente cuando alguien, que sabes que te odia, te dice que quiere hablar contigo, o cuando tienes la sensación que se acercarán por la espalda y te clavarán un cuchillo. También da mucho miedo cuando te miras al espejo y aparece una sobra que se refleja, pero cuando te giras ha desaparecido, igual pasa cuando vas en coche y miras por el retrovisor.

Hay personas que eligen vivir con miedo, como si fuera un modo de vida. En cambio, la ausencia total de miedos te puede llevar a ser poco precavida. Pero el miedo no puede convertirse en una forma de coacción, el miedo es simplemente y desde el punto de vista psicológico, un estado afectivo, emocional, necesario para poder adaptarnos al medio que nos ocasiona angustia.

Debemos huir de algunos miedos, como el miedo a sentir dolor, el miedo a las enfermedades, al fracaso, miedo a las decepciones, miedo a la infidelidad, miedo a equivocarse, miedo a caerse y a levantarse, miedo al sufrimiento, miedo a la soledad, miedo de las malas personas, miedo de los enfermos mentales, miedo a sentir dependencia, miedo a la desesperación, miedo a envejecer, miedo a madurar y miedo a dejar de ser niño, miedo al sexo y miedo al amor miedo al que dirán y al que pensarán, miedo......

El mejor miedo es aquel que sentimos cuando nos sentamos delante del televisor o de una pantalla de cine y nos dejamos llevar por un mundo de ficción.

Como de todas formas el miedo tiene un componente neurológico del que no tenemos control ya que el miedo es una forma de organización del cerebro primario y consiste en la activación de una “amígdala” situada en el lóbulo temporal, intentemos detectar la aparición de los primero síntomas y a partir de aquí aprender a dominar nuestro cuerpo y anular la sensación de miedo.