LA FRASE
miércoles, 9 de enero de 2013
EL AÑO DE LA MUERTE
miércoles, 14 de marzo de 2012
ES DURO DECIR ADIOS

Siempre me ha resultado fácil hablar de la muerte. Pienso que existe en nuestro interior una especie de reloj que nos marca el tiempo que vamos a vivir. Es curioso como hay personas que viven más de cien años y en cambio otras dejan este mundo a una edad que nos resulta injusta. Pero de la misma manera que un día tenemos consciencia de nuestra propia existencia, un día dejaremos de tenerla, simplemente desaparecemos. Dejaremos de sentir amor, odio, tristeza, alegría, dejaremos un mundo lleno de injusticias y de aventuras, de sorpresas y de felicidad simplemente suspiramos, cerramos los ojos y nuestra alma, energía o nuestra propia existencia nos abandona.
Pero si la muerte fuera tan sencilla no nos aterraría tanto, la muerte implica muchas cosas, nos hace reflexionar sobre la vida y eso es lo que realmente nos asusta. Tenemos miedo a morir porque nunca acabamos de aprender a vivir. Siempre que alguien cercano a nosotros nos deja, nos damos cuenta que hemos sido infectados por un virus, un virus que nos hace sentir que tenemos más ganas de vivir que nunca.
La vida tiene sentido porque existe la muerte, debemos aprender a apreciar nuestra vida porque sabemos que un día u otro nos llegará el momento de morir. Tenemos la obligación moral de cuidarnos a nosotros y a nuestros seres queridos, debemos amar con locura, tenemos que respirar hasta la última gota de oxígeno que nos llegue y sobre todo debemos dar gracias por haber tenido la oportunidad de existir.
Hacía días que no sabía donde buscar la inspiración pero la noticia de la muerte de la Pepa de Haro me ha hecho reflexionar sobre la vida, sobre mi vida. Estoy aquí sentada escribiendo y no puedo evitar llorar. Pero no lloro por tristeza, lloro porque gracias a que existen personas increíbles que han vivido con todas las fuerzas que su salud les ha permitido, gracias a estas personas yo aprendo a valorar cada día más todo aquello que tengo.
Mi madre siempre dice que existe un infierno y que ese infierno es vivir, que la verdadera paz se encuentra cuando morimos. Yo no puedo saber si es cierto, no soy capaz de hablar de esto con tanta certeza y seguridad como lo hace ella. Pero sí que me gusta pensar que existe un lugar especial donde tienen cabida las almas de todas aquellas personas fantásticas que nos dejan y a las que queremos. El amor que sentimos es lo que nos hace especiales en esta vida y nos hará eternos en la próxima. No puedo aceptar que perdamos tiempo en odiar, o en hacer daño a los demás, porque el tiempo que invertimos odiando es tiempo malgastado, es tiempo que restamos a nuestra vida y nos acerca a la muerte con más rapidez.
Los que seguimos disfrutando de la vida debemos aprender a llorar por los que nos dejan, debemos sentir dolor y tenemos que aprender a gestionar la tristeza porque esto nos hace humanos y nos acerca a la perfección.
Creo que tenemos que reflexionar, todos y cada uno de nosotros nacemos con este reloj interior que se pone en funcionamiento en el primer momento que cogemos la primera bocanada de aire y se pone en funcionamiento nuestro organismo como ser independiente. Es a partir de entonces, cuando tenemos que aprender a vivir con todas las fuerzas, y retener hasta la última partícula de energía.
Recordemos a los seres queridos que nos han dejado, y pensemos en todo aquello que nos enseñaron cuando estaban vivos, de todos los momentos que compartimos a su lado y de toda la felicidad que nos dieron. Si les recordamos los mantendremos vivos en nuestros corazones.
Puede que pensemos que la muerte a veces es injusta, pero debemos buscar la injusticia en la vida, porque en definitiva no pude existir una sin la otra.
miércoles, 20 de julio de 2011
ASIA BIBI

Asia Bibi es una mujer que vive en Pakistán. Es una mujer casada y con hijos, una de sus hijas tiene una disminución psíquica. Asia Bibi es Cristiana, ahora vive en prisión, ha sido juzgada y condenada a muerte por blasfemia en contra de Mahoma.
Mientras Asia Bibi está en prision, su marido y sus hijos viven en la clandestinidad. Cada dos o tres días cambian de domicilio y gracias a una organización Cristiana reciben ayuda y protección. Su familia también corre peligro, y Asia Bibi desde su prisión, vive en absoluto aislamiento sin poder tener contacto ni con su abogado, tan solo su marido la puede visitar dos veces al mes.
La historia de Asia es corta, tan solo ocupa unas pocas líneas de un artículo, o unos pocos minutos en un documental. En tan solo en unos instantes, se puede explicar la vida de una persona que se ve privada de libertad a causa de leyes absurdas y promovida por los extremismos religiosos.
No es difícil pensar en lo peligroso que son los extremismos de cualquier religión, la católica quemaba a mujeres acusadas de cosas tan absurdas como la brujería. Durante siglos los extremistas de cualquier religión ha perseguido y aniquilado, y es algo que parece no tener fin.
Escuchar historias como las de Asia, me hace reflexionar sobre la humanidad en general y el hombre en particular. Rechazar lo diferente, no tolerar lo desconocido e incluso condenar la libertad de los demás es algo sencillo cuando se hace desde el extremismo, la superioridad y el poder.
Explicar injusticias es fácil, escucharlas y opinar sobre ellas es más sencillo todavía. Pero aquí empieza y termina nuestra implicación. Si Asia Bibi fuera algo más que no una simple campesina, si pudiera explicar lo que siente al estar encerrada, separada de su familia y asustada por no saber si morirá. Si sus palabras llegaran a los oídos adecuados, a aquellos que pueden interferir en los pueblos, a los hombres poderosos que mueven montañas sólo por intereses económicos, estoy segura que Asia podría conseguir reunirse con su familia y poder escapar a algún otro lugar donde no se sientan amenazados de muerte.
Pero en una sociedad de grandes comisiones, de economía millonarias y de intereses materiales, la voz de Asia jamás se dejará oír, siempre estará silenciada y los que luchan por ella, tienen tan pocos recursos que difícilmente conseguirán que alguien se interese por su caso.
Haber nacido en Europa es una simple casualidad, tener la suerte de estar donde estoy es tan solo una coincidencia del destino. Las hijas de Asia podrían ser la mía y yo misma tener que enfrentarme a una condena de pena de muerte. Así que tal vez, aunque no podamos hacer nada por la vida de Asia, si podemos influir en que cosas como estas no ocurran.
Cuando rechazamos a alguien por ser de otra raza, por tener otras costumbres o por su religión, estamos contribuyendo a alimentar los extremismos que se alimentan del odio y del miedo.
Pensar en la triste vida de Asia puede ayudar, ella fue detenida, juzgada y condenada, y todo esto porque alguien dijo que había blasfemado. En aquel momento, ese alguien pasó a tener credibilidad, ella fue detenida y separada de su familia. A partir de aquel día dejó de pertenecer a los vivos, y pasó a habitar en el infierno de su destino.
