LA FRASE

Me gustaría tener el tiempo necesario para disfrutar de tu compañía. Tú deberías tener la suficiente curiosidad para permanecer a mi lado y leerme de verdad.
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miércoles, 9 de enero de 2013

EL AÑO DE LA MUERTE


La vida siempre te enseña cosas increíbles, las personas que te rodean son grandes maestros de la convivencia y el pasado es el diario donde anotamos las experiencias que vivimos.
Como uno de esos programas de televisión que hacen balance de las noticias más destacadas en una emisión del 31 de diciembre, yo cada año hago balance de mi propia vida y de las personas que han compartido mis mejores momentos.
Creo que este años 2012 ha sido un año increíble, han pasado cosas importantes en mi vida y he contribuido a que ocurran cosas importantes en la vida de los demás. Decir que se han solucionado todos los problemas, que se han resuelto los conflictos o que se han arreglado cosas que no funcionaban sería decir demasiado, pero sí que es cierto que este año 2012 ha sido un año de reencuentros.
Por mucho que me empeñe no consigo destacar las cosas negativas, que sin duda las ha habido, por alguna razón se me ocurren cosas buenas que han sucedido a mi alrededor, a mi misma o personas a las que quiero. Y eso me llena de satisfacción.
Creo que este año ha sido bueno porque he recuperado personas a las que había alejado de mi lado. Tal vez por miedo, o por puro paternalismo,  pensé que estarían mejor lejos de mi y ahora me doy cuenta que no era cierto.
Justo cuando hago estas reflexiones, sin tiempo a reaccionar, llegan las temidas Navidades, una época tremendamente triste para mi, y que no me trae recuerdos entrañables e inolvidables si no todo lo contrario. Hace unos días una persona dijo “Las Navidades hace que los pobres sean más pobres y los que están solos se sientan mucho más solos”, es para mi una buena definición de lo que siento en estos días. Pero, como todo pasa, también pasan la fiestas y pasan la celebraciones y las luces y los árboles de Navidad y los atracones y el gastar y… y vuelve el 1 de enero de un nuevo año que empieza con toda la fuerza que puede y con toda la ilusión que nosotros le ponemos.
Entonces miro el calendario y veo que quedan por delante días y días de horas, de minutos, de segundos, y estoy segura que cada vez que tache un día ocurrirá alguna cosa increíble en algún lugar. El 2013 puede ser un año duro, un año que tal vez se convierta en la culminación de muchas renuncias personales que tendremos que hacer, pero también creo que puede ser un año de reivindicación.
Así que voy a tirar de mis dotes de bruja y os voy a hablar del número 13, este número está representado por la muerte en las cartas del Tarot. Aunque es cierto que la muerte nos causa temor, tenemos que pensar que esta carta habla de cambios  importantes en la vida, habla de transmutación, de modificación, estos cambios en algunos casos y para algunas personas serán positivos, y para otros negativos. Debemos pensar que es un número que nos tiene que ayudar a la reflexión y por tanto nos puede ayudar a afrontar cambios en nuestra vida.
El trece nos puede hablar de éxito un número que puede sernos grato si va acompañado de una trasformación personal y espiritual.
Así pues, para todos aquellos que sientan que ha llegado el momento de actuar, de dejar de tener miedo, de innovar, de revelarse, de  romper con lastres, no creo que haya un año mejor para hacerlo. Pensemos que debemos estar 365 días viendo el número 13 en el calendario, yo propondría que cada uno de nosotros nos marcáramos 12 cambios importantes y que cada mes nos marquemos uno como objetivo.
El trece es igual a muerte, igual a cambios, igual a renovación, igual a  renacer, igual a triunfar y a conseguir objetivos.
Así que de la misma manera que he bautizado el 2012 como año de reencuentros, quiero que el 2013 sea un año de cambios y de transformación personal

miércoles, 14 de marzo de 2012

ES DURO DECIR ADIOS


Siempre me ha resultado fácil hablar de la muerte. Pienso que existe en nuestro interior una especie de reloj que nos marca el tiempo que vamos a vivir. Es curioso como hay personas que viven más de cien años y en cambio otras dejan este mundo a una edad que nos resulta injusta. Pero de la misma manera que un día tenemos consciencia de nuestra propia existencia, un día dejaremos de tenerla, simplemente desaparecemos. Dejaremos de sentir amor, odio, tristeza, alegría, dejaremos un mundo lleno de injusticias y de aventuras, de sorpresas y de felicidad simplemente suspiramos, cerramos los ojos y nuestra alma, energía o nuestra propia existencia nos abandona.

Pero si la muerte fuera tan sencilla no nos aterraría tanto, la muerte implica muchas cosas, nos hace reflexionar sobre la vida y eso es lo que realmente nos asusta. Tenemos miedo a morir porque nunca acabamos de aprender a vivir. Siempre que alguien cercano a nosotros nos deja, nos damos cuenta que hemos sido infectados por un virus, un virus que nos hace sentir que tenemos más ganas de vivir que nunca.

La vida tiene sentido porque existe la muerte, debemos aprender a apreciar nuestra vida porque sabemos que un día u otro nos llegará el momento de morir. Tenemos la obligación moral de cuidarnos a nosotros y a nuestros seres queridos, debemos amar con locura, tenemos que respirar hasta la última gota de oxígeno que nos llegue y sobre todo debemos dar gracias por haber tenido la oportunidad de existir.

Hacía días que no sabía donde buscar la inspiración pero la noticia de la muerte de la Pepa de Haro me ha hecho reflexionar sobre la vida, sobre mi vida. Estoy aquí sentada escribiendo y no puedo evitar llorar. Pero no lloro por tristeza, lloro porque gracias a que existen personas increíbles que han vivido con todas las fuerzas que su salud les ha permitido, gracias a estas personas yo aprendo a valorar cada día más todo aquello que tengo.

Mi madre siempre dice que existe un infierno y que ese infierno es vivir, que la verdadera paz se encuentra cuando morimos. Yo no puedo saber si es cierto, no soy capaz de hablar de esto con tanta certeza y seguridad como lo hace ella. Pero sí que me gusta pensar que existe un lugar especial donde tienen cabida las almas de todas aquellas personas fantásticas que nos dejan y a las que queremos. El amor que sentimos es lo que nos hace especiales en esta vida y nos hará eternos en la próxima. No puedo aceptar que perdamos tiempo en odiar, o en hacer daño a los demás, porque el tiempo que invertimos odiando es tiempo malgastado, es tiempo que restamos a nuestra vida y nos acerca a la muerte con más rapidez.

Los que seguimos disfrutando de la vida debemos aprender a llorar por los que nos dejan, debemos sentir dolor y tenemos que aprender a gestionar la tristeza porque esto nos hace humanos y nos acerca a la perfección.

Creo que tenemos que reflexionar, todos y cada uno de nosotros nacemos con este reloj interior que se pone en funcionamiento en el primer momento que cogemos la primera bocanada de aire y se pone en funcionamiento nuestro organismo como ser independiente. Es a partir de entonces, cuando tenemos que aprender a vivir con todas las fuerzas, y retener hasta la última partícula de energía.

Recordemos a los seres queridos que nos han dejado, y pensemos en todo aquello que nos enseñaron cuando estaban vivos, de todos los momentos que compartimos a su lado y de toda la felicidad que nos dieron. Si les recordamos los mantendremos vivos en nuestros corazones.

Puede que pensemos que la muerte a veces es injusta, pero debemos buscar la injusticia en la vida, porque en definitiva no pude existir una sin la otra.

miércoles, 20 de julio de 2011

ASIA BIBI


Asia Bibi es una mujer que vive en Pakistán. Es una mujer casada y con hijos, una de sus hijas tiene una disminución psíquica. Asia Bibi es Cristiana, ahora vive en prisión, ha sido juzgada y condenada a muerte por blasfemia en contra de Mahoma.

Mientras Asia Bibi está en prision, su marido y sus hijos viven en la clandestinidad. Cada dos o tres días cambian de domicilio y gracias a una organización Cristiana reciben ayuda y protección. Su familia también corre peligro, y Asia Bibi desde su prisión, vive en absoluto aislamiento sin poder tener contacto ni con su abogado, tan solo su marido la puede visitar dos veces al mes.

La historia de Asia es corta, tan solo ocupa unas pocas líneas de un artículo, o unos pocos minutos en un documental. En tan solo en unos instantes, se puede explicar la vida de una persona que se ve privada de libertad a causa de leyes absurdas y promovida por los extremismos religiosos.

No es difícil pensar en lo peligroso que son los extremismos de cualquier religión, la católica quemaba a mujeres acusadas de cosas tan absurdas como la brujería. Durante siglos los extremistas de cualquier religión ha perseguido y aniquilado, y es algo que parece no tener fin.

Escuchar historias como las de Asia, me hace reflexionar sobre la humanidad en general y el hombre en particular. Rechazar lo diferente, no tolerar lo desconocido e incluso condenar la libertad de los demás es algo sencillo cuando se hace desde el extremismo, la superioridad y el poder.

Explicar injusticias es fácil, escucharlas y opinar sobre ellas es más sencillo todavía. Pero aquí empieza y termina nuestra implicación. Si Asia Bibi fuera algo más que no una simple campesina, si pudiera explicar lo que siente al estar encerrada, separada de su familia y asustada por no saber si morirá. Si sus palabras llegaran a los oídos adecuados, a aquellos que pueden interferir en los pueblos, a los hombres poderosos que mueven montañas sólo por intereses económicos, estoy segura que Asia podría conseguir reunirse con su familia y poder escapar a algún otro lugar donde no se sientan amenazados de muerte.

Pero en una sociedad de grandes comisiones, de economía millonarias y de intereses materiales, la voz de Asia jamás se dejará oír, siempre estará silenciada y los que luchan por ella, tienen tan pocos recursos que difícilmente conseguirán que alguien se interese por su caso.

Haber nacido en Europa es una simple casualidad, tener la suerte de estar donde estoy es tan solo una coincidencia del destino. Las hijas de Asia podrían ser la mía y yo misma tener que enfrentarme a una condena de pena de muerte. Así que tal vez, aunque no podamos hacer nada por la vida de Asia, si podemos influir en que cosas como estas no ocurran.

Cuando rechazamos a alguien por ser de otra raza, por tener otras costumbres o por su religión, estamos contribuyendo a alimentar los extremismos que se alimentan del odio y del miedo.

Pensar en la triste vida de Asia puede ayudar, ella fue detenida, juzgada y condenada, y todo esto porque alguien dijo que había blasfemado. En aquel momento, ese alguien pasó a tener credibilidad, ella fue detenida y separada de su familia. A partir de aquel día dejó de pertenecer a los vivos, y pasó a habitar en el infierno de su destino.